Publicado el 18/09/2025 por Aldana Belen Casale
Milo ya no era tan bebé. Una mañana, mientras armaba una torre de cubos de colores, miró a su mamá Abril y a su papá Julián y dijo con orgullo:
—¡Quiero usar calzoncillos como los grandes!
Mamá Abril sonrió y le acarició el pelo.
—¡Qué gran noticia, campeón! Vamos a acompañarte en este nuevo paso.
Papá Julián le guiñó un ojo:
—No te preocupes, Milo. Si hay algún accidente, tenemos nuestras fundas impermeables mágicas para cuidarte.
Milo no entendía del todo qué eran, pero le gustaba cómo sonaba “mágicas”.
Esa tarde, la familia transformó la habitación de Milo. Mamá Abril colocó en su colchón una funda impermeable de colores suaves.
—Esta funda es como un superhéroe —explicó—, protege la cama y hace que todo siga limpio y cómodo aunque pase algún imprevisto.
Milo pasó la mano por la funda. Era suave como una nube.
—¡Me gusta! —dijo, saltando sobre la cama.
Papá Julián agregó:
—La funda no hace ruido, y tu colchón seguirá perfecto para que sigas soñando tranquilo.
Al día siguiente, Milo estrenó sus calzoncillos de cohetes. Cada vez que sentía cosquillas en la panza, corría al baño con mamá Abril. A veces llegaba a tiempo, otras veces no.
Cuando ocurría un accidente, mamá Abril simplemente sonreía:
—No pasa nada, mi amor. Estamos aprendiendo.
La funda mágica mantenía el colchón seco, y Milo veía cómo mamá retiraba la sábana con facilidad.
—¿Viste? —dijo ella—. Todo limpio en un instante.
Eso le daba confianza para intentarlo de nuevo.
La primera noche sin pañal fue emocionante. Afuera, el cielo estaba lleno de estrellas. Papá Julián dijo:
—Cada estrella es un deseo. Esta noche pedimos uno para vos, Milo: que te sientas seguro y valiente.
Milo miró las estrellas por la ventana y pensó:
—Yo puedo hacerlo.
Se durmió tranquilo, sabiendo que la funda mágica cuidaba su cama.
Pasaron los días. Algunas noches la cama amanecía seca; otras, un pequeño charquito aparecía. Pero la funda impermeable seguía cumpliendo su trabajo, y nadie se enojaba.
Mamá Abril le decía:
—Cada paso es importante, aunque parezca chiquito. ¡Qué orgullosa estoy de vos!
Milo se sentía cada vez más grande. Aprendía a reconocer las señales de su cuerpo y a correr al baño a tiempo.
Una mañana, Milo abrió los ojos y vio que su cama estaba completamente seca. Corrió a la cocina gritando:
—¡Lo logré! ¡Mi camita está seca!
Papá Julián lo alzó en brazos:
—¡Sabía que podías!
Mamá Abril le dio un beso en la frente:
—Nuestra funda mágica te acompañó en cada intento. Pero el verdadero héroe sos vos.
Milo sonrió, orgulloso.
—La funda me ayudó, pero yo soy el que creció —dijo con voz de campeón.
Desde ese día, Milo siguió durmiendo sin pañal. La funda impermeable quedó como un guardián silencioso, lista por si alguna noche había un imprevisto.
—Gracias por cuidarme, funda mágica —susurró Milo antes de dormir.
Y mientras las estrellas titilaban en el cielo, Milo soñó con nuevas aventuras, seguro de que crecer era un viaje lleno de amor, paciencia y pequeños grandes triunfos.
✨ Fin ✨