En lo alto de un acantilado, una lechuza blanca de ojos dorados, llamada Luma, vigilaba el mar. Esa noche la luna brillaba como un farol de plata, y las olas parecían espejos que reflejaban miles de estrellas. Luma escuchó un canto suave que venía del horizonte
A orillas del mar, una sirena de cabellos verdes cantaba una melodía que hablaba de un castillo escondido. Su voz era tan dulce que las olas se mecían al compás. La sirena se llamaba Coral y buscaba un tesoro perdido: una campana mágica que traería alegría a todos los océanos.
De repente, un trineo surcó el cielo: era Papá Noel, con su saco rojo y una risa que calentaba el aire frío.
—“Ho, ho, ho, ¿qué es esa música tan hermosa?”— preguntó al descender.
Coral le contó la historia de la campana perdida. Papá Noel, que amaba los misterios y las buenas acciones, decidió ayudar.
En la arena apareció Tula, una vieja tortuga con un caparazón color esmeralda.
—“Conozco el lugar del que hablan. El castillo de coral duerme bajo las aguas profundas. Pero para entrar, hace falta el corazón de la luna y el valor de un amigo fiel.”
Sus palabras dejaron a todos pensativos.
Mientras conversaban, un caballo blanco de crines plateadas, llamado Brío, galopó por la orilla. Cada pisada encendía chispas de luz como si llevara estrellas en sus cascos.
—“Si buscan el castillo, yo los puedo guiar hasta la cueva de los vientos”— relinchó con voz clara, porque Brío tenía el don de hablar en noches de luna llena.
Al llegar a la cueva de los vientos, una corriente mágica los envolvió. Allí encontraron a la princesa Alina, quien custodiaba el portal hacia el castillo de coral.
—“Solo quien une cielo, tierra y mar puede tocar la campana mágica”— dijo con una sonrisa.
La princesa les mostró un espejo de agua que se dividía en tres.
—“Cada uno debe reflejar su mejor cualidad: sabiduría, bondad y valentía.”
Luma la lechuza reflejó la sabiduría, Papá Noel la bondad, y Brío el valor.
El castillo de coral se iluminó con tonos rosados y dorados. Coral, la sirena, nadó hasta la torre más alta y halló la campana cubierta de perlas. Al tocarla, un sonido dulce llenó el mar y el cielo de luces danzantes.
La campana concedía un solo deseo. Papá Noel, la lechuza, la tortuga, la sirena, la princesa y el caballo pidieron lo mismo:
—“Que en cada corazón reine la alegría, en cada familia la unión y en cada noche un poco de magia.”
La campana brilló con fuerza y una lluvia de estrellas bañó el mundo.
Cuando la luna empezó a esconderse, todos volvieron a sus hogares. Luma regresó a su acantilado, Coral al mar, Papá Noel a su taller, Tula a la arena, Brío a las praderas y la princesa a su castillo. Pero sabían que esa noche de amistad y magia quedaría grabada para siempre
Fin
💫 Que este cuento les regale sueños llenos de aventuras, con el canto de las olas y el brillo de las estrellas.